Quienes Somos Como Ayudar Hazte Socio Apadrina Necesitamos
OPCIONES DE MENÚ
Nuestros Gatos
Nuestras Gatas
Casos Especiales
Casos Urgentes
Finales Felices
Noticias de Adoptados
En el recuerdo
Concurso de Fotos 2008
Clínicas Colaboradoras
Suscríbete al Boletín
Cementerio Virtual
Alfombrillas GATA
Camisetas
Artículos Interesantes
Nuestras Historias
Contacto
Noticias de Interes
Enlaces
Protectoras y Perreras
Área de Descargas
Ley de Protección Animal
 
BUSCADOR
 
   Nuestras Historias

Ser casa de acogida

Desde que tengo uso de razón ha habido animales en mi casa, pero era siempre mi hermana quien pedía, cuidaba y mimaba a las diferentes especies que pueblan mi infancia. Ella iba para veterinario y yo... era la traviesa divertida que “aún no sabemos a qué se dedicará”.

Mis mejores amigos tienen desde hace un par de años una gata, Tábata, que desde pequeñita gustaba de darme algún que otro besito y meterse en mi bolso. Se decía que, para sorpresa de muchos, yo parecía tener en algún recóndito sitio sentimientos para gatos. En esta creencia y conocedora de la necesidad de la asociación, Carmen, la mami de Tábata, comenzó a hablarme de estos grupos, alabando las facilidades que daban para que cualquier persona pudiera colaborar con ellos. Cuando recibí por primera vez el enlace a los foros, comprobé sorprendida la labor que se estaba realizando y en cuestión de horas comencé a dar un poquito de mi.

El primero en entrar en escena fue Orfeo Negro. Al parecer llevaba mucho tiempo sin que nadie lo quisiera por su color y su edad (año y medio) y comenzaba a convertirse en una urgencia. Había que acogerlo. Era como la película de Stuart Little, el ratoncito adoptado por una familia de humanos: muchos niños en el orfanato, pero los papás querían niños pequeños y a los mayores no les prestaban atención alguna... y si encima eran de alguna manera especiales... Orfeo era negro .

Esa misma tarde pude ver lo guapísimo que era y tan mimoso y tan suave. Una manchita blanca adornaba su pecho y las patas tornaban en marrón oscuro con la luz. Unos penetrantes ojos verdes miraban solícitos, como diciendo, llévame contigo. Un rabito corto como siamés, que había soldado mal cuando se lo rompió, daba, sin embargo, destreza a su ya refinado andar. Su pelambrera semilarga delataba sus orígenes. Realmente me sentía llena de alegría y emoción. Mi amiga Carmen me acompañó a lo que, definitivamente, fue un parto sin dolor. Al llegar a casa, Orfeo no tardó más de 5 minutos en subirse a mis rodillas y melosamente, pedir mimos.

Era increíble: ya tan educadito, tan caballero. Recuerdo sentarme en el salón de mi casa a ver la tele con él en mi regazo. Era terapéutico sentir su contacto, relajante acariciar su sedoso pelo... se respiraba paz, amor, agradecimiento, ternura y felicidad, por parte de los dos.

Había dado negativo en todos los análisis realizados aunque quedaba pendiente un cultivo de hongos. No me importó: él necesitaba cariño y yo dar un poquito de mi. Ya esa noche durmió conmigo. Era una locura, nunca había dormido con un gatito, pero de alguna manera quería que supiera que era bienvenido a mi hogar. Recuerdo que no encontraba postura porque todo su afán era encontrar el mayor contacto conmigo.

Al día siguiente pasó la siguiente prueba: el rey de la casa quería conocerle. Mi hijo Daniel de 8 años se encontró con un gato que nada más llegar se acercaba a él para que le acariciara. Dani no se lo podía creer, estaba acostumbrado a Oscar (de nacimiento Osiris), el persa canela de mis padres que no es, en absoluto, tan cercano como Orfeo y un niño quiere que su mascota le demuestre que cuenta con él. Y claro, Orfeo quería a toda costa ganar puntos y quedarse con nosotros.

Recuerdo la cara de felicidad de ambos cuando Dani se sentó en el suelo con las piernas cruzadas como haciéndole un nidito a Orfeo y éste rápidamente se acurrucó en él. Aquellas fueron las primeras fotos de nuestro proyecto familiar.

Recuerdo que los primeros días llegaba a casa deseando mimarle. En el trabajo las cosas estaban muy movidas y aquello era un remanso de paz para mi. Dani quería que se le acurrucara a él y yo le enseñé que el gato debía ser libre, uno más en la familia. Tan bien iba todo que me puse un plazo de 15 días para dar el sí definitivo y así, el 7 de octubre adoptamos a Orfeo y pasamos a llamarle familiarmente Off. Después de los trámites, Dani y yo fuimos a comprarle unas latitas y un ratoncito para celebrarlo. Además una pelotita naranja completó el set que tanto disfrutamos ese sábado con él.

En menos de una semana, Orfeo ya eligió sus sitios preferidos: una mantita de cuando Dani era bebé era su cunita en la cocina, el respaldo del sofá del salón su sitio para siestas y mis rodillas y la mesa del despacho, su ubicación mientras yo trabajaba frente al ordenador. Ahora mismo escribo estas líneas y le tengo en mi regazo cuán bebé con su mami.

Con el tiempo comenzó a coger más y más confianza y ahora ya reclama juegos. Recuerdo una noche en el ordenador que al no hacerle caso, se me colocó entre mi espalda, el respaldo del sillón y me dio un ligero mordisco en mi coleta. Lo que me reí. Cuando quiere jugar, intenta “picarme” con ligeros mordisquitos. Es un gatito juguetón.

Tan buena era la experiencia y tanta la necesidad de casas de acogida que nos animamos a acoger a otro gato. De nuevo había un caso urgente. Un gato mucho más joven pero con cuerpo de mayorcito. Yam entró en nuestra casa con la sonrisa de la curiosidad típica de gatos en su carita.

El encuentro con Orfeo fue muy tranquilo. Se olieron, se observaron, Yam en su trasportin y Orfeo suelto como anfitrión de la casa.

Ese fin de semana vinieron Carmen y su marido a cenar y cómo nos reímos con los dos. Sobre todo cuando Orfeo en una carrera juguetona, trepó por la chimenea del salón y desapareció ante nuestros atónitos ojos. Yam quedó también impresionado, era como si pensara: caramba cuando sea mayor quiero ser como éste.

Era curioso observar cómo Yam mostraba un carácter más libre, más curioso, más “a vivir que son dos días”. El no buscaba mimos en primera instancia, quería descubrir mundo y jugar, jugar muchísimo . Tal era su energía que sentimos que nosotros no éramos los apropiados para acogerle: sí, le mimábamos y le cuidábamos como uno más de la familia, pero entre diario Dani y yo estábamos demasiado tiempo fuera y Yam necesitaba mucha compañía. Así pues se fue a vivir con una gatita y un amo que disponía de mucho más tiempo para jugar con él. Pero nos quedamos satisfechos porque al fin había encontrado un hogar en donde había mucho que descubrir (hasta una terraza con plantas y vistas a la calle) y donde espera pacientemente que alguien quiera adoptarle.

Ari ha sido sin duda el caso más dramático con el que nos hemos encontrado Dani y yo. Estuvo a punto de morir por las lesiones que sufrió tras una caída desde altura y la falta de cuidados. Nos dijeron que había superado la primera noche de milagro y que necesitaba urgentemente de cuidados dedicados.

Era cierto que no disponía de mucho tiempo, pero mi vida profesional se vio truncada y decidí que si en mi empresa no me necesitaban, había alguien que agradecería de mis esfuerzos.

La noche que fuimos a recogerla mi hermana y yo, recuerdo haber pensado en una tarde fría y un chocolate caliente. Esa sensación de protección, de acogida... de calor familiar. De camino a casa, mi hermana sacó a Ari de su transporte y en sus rodillas le dispensó mimos, caricias, sensación de protección y qué besitos le daba. Tenía la patita vendada, heridas por su cuerpo y era tan pequeñita....

Al día siguiente y desoyendo toda indicación médica, dimos Dani, Orfeo y yo la bienvenida a Ari con una sesión de cine, Playstation y Lacasitos en el salón. Orfeo ocupó su sitio en el sofá y Ari no sabía bien si pegarse a mi o a Dani, pero qué paz tenía y qué escena tan familiar.

Era muy llamativo cómo Orfeo fue a quien mejor acogió en casa desde el primer instante. Se notaba que era la pequeña, que necesitaba mimos y él estaba dispuesto a compartirlo todo. Era juguetona como Yam pero, quizás, Orfeo intuyó que había que dispensarle un trato muy esmerado y vaya si se lo dio.

Con el tiempo y la ayuda de otras colaboradoras, Ari va saliendo adelante. Ya ha sanado su patita y no lleva vendaje pero, sobre todo, sus ganas de vivir siguen en aumento.

Recuerdo una tarde en el trabajo que sonó mi móvil. Al parecer había una urgencia con una gata rescatada de la calle: su salvadora había recibido un ultimatum sobre su estancia en casa (hay que señalar que l@s voluntari@s tenemos tantas ganas de servir de ayuda, que olvidamos que en nuestra casa vive más gente o incluso, como es mi caso personal, que el que mucho abarca poco aprieta). Me dijeron que había sido tan precipitado que ni siquiera tenía nombre y me rogaron que nos apretujásemos un poco en casa (ya vivía Orfeo y Ari con nosotros).

Tengo que reconocer que, aún a mi edad, hay ciertas cosas a las que no sé decir que no, así que allá que me fui a Ventas a recoger a la “sin nombre” (días más tarde me enteraría que sí tenía nombre, Elsa de hecho, pero a mi me hizo ilusión poder ponerle uno).

Recuerdo la sensación que me produjo verla por primera vez: qué colorido y brillo tenía en su pelo. Cuando giró su cabecita para mirarme me recordó al anunció de Cacharel: lou lou? Oui, c’est moi. Qué elegancia, qué saber estar... Recordaba a esas piedras semipreciosas que tanto me gustan, así que de esa manera obtuvo su segundo nombre: Jaspe.

Esa misma noche descubrió mi dormitorio y mi baño y lo primero que hizo fue agradecerme su acogida con un par de besitos. ¡Cómo me impresionó!: nos acabábamos de conocer y ya me demostraba cuán agradecida estaba.

Qué coqueta, qué femenina, no tuve que esperar más que a que el niño se durmiera para poder realizar su primera sesión de fotos.

Desde el primer día durmió conmigo. Estaba completamente sana y era tan educadita, que cuando notaba que yo dormía, se apartaba un poquito para dejarme espacio y a descansar las dos.

Hubo unos días que mostró que tenía su propia personalidad cuando, de buenas a primeras, decidió que alternativamente haría sus “cacotas” en la arena y fuera de ella, en medio del baño. Probé de todo y al final era lo más fácil del mundo: tenía sus propias preferencias con respecto a la arena y claramente, la de cristalitos no era de su agrado.

A día de hoy ha vuelto a su primer hogar de acogida, en donde las aguas han vuelto a su cauce y disfrutan de toda la elegancia de Jaspe-Elsa.


Ser casa de acogida

Quiero terminar con una invitación a todas aquellas personas que no acaban de decidirse, que no saben si serán capaces, que tienen miedo de fallar, que no han tenido nunca animales en su vida, que no encuentran tiempo para nada, que no están seguras de qué dirán... Estos gatitos y gatitas, de toda condición social, de todo color, de toda edad, os mirarán a los ojos el primer día y os dirán: dame un poquito de ti.

Teresa Velasco

Ahora puedes ayudarnos desde cualquier lugar y de la manera más cómoda y segura.
Ellos te necesitan.
Nubia Tours agencia de viajes en Internet es la empresa que apadrina Gataweb y que hace posible el mantenimiento de esta iniciativa.
Iphone Outlet, iPhone 3Gs de 16 y 32gb Libres de Origen. Sin contrato ni permanencia y funcionan en todos los operadores.
Puntal Decoración, paneles de poliéster y fibra de vidrio
imitación piedra y ladrillo.
¡¡ Consigue hasta un 50% de descuento en Atención Veterinaria en nuestra Clínica Colaboradora VENTAS !!
Oferta para Socios
Uniservice Asesores es la asesoria fiscal que colabora con GATA.
Quienes Somos Como Ayudar Hazte Socio Apadrina Necesitamos
Asociación GATA
E-mail: info@gataweb.com - Política de Protección de Datos
© Copyright 2003 gataweb.com. Todos los Derechos Reservados.
Programacion y Diseño Web por Byte Revolution